Textos

post Impuesto a las ganancias o pagar por trabajar

Miércoles, 27 de junio de 2012

La Sociedad de Resistencia de Capital adherida a la Federación Obrera Regional Argentina se solidariza con todas las luchas encaminadas a lograr la emancipación de los trabajadores, motivo por el que apoyamos los reclamos laborales que en los últimos días se están llevando a cabo desde diferentes sectores, aunque hemos decidido no secundar activamente el paro convocado al considerar que detrás del mismo se esconde un interés personalista encabezado por Moyano, que una vez más hace gala de su oportunismo mediático despreciando el esfuerzo combativo de los obreros.

Aprovechando la lucha de los trabajadores, la burocracia sindical pretende medir fuerzas con el gobierno, apuntando a mejoras parciales que no cuestionan la raíz del problema. Nosotros no buscamos actualizar la base impositiva sino que rechazamos la aplicación del mal llamado ‘impuesto a las ganancias’, ya que los trabajadores recibimos una mísera remuneración por vender nuestra fuerza de trabajo mientras las ganancias engordan a la patronal.

Hasta que los medios de producción no sean colectivos y sigan perteneciendo a una minoría que nos explota y oprime, no nos corresponde a los trabajadores soportar ningún tipo de carga impositiva, sino que la misma debe ser costeada por el empleador, único benefactor del modelo capitalista. Sin embargo, los burócratas sindicales, se conforman con elevar la base impositiva, clasificando a los obreros por el monto de su salario y no en base a su condición de explotado,

Los trabajadores de este país ya pagamos un ‘impuesto a las ganancias’ porque mensualmente se nos descuenta de forma arbitraria el 19% de nuestro jornal para financiar aportes jubilatorios, obra social y cuotas sindicales no elegidas. Lógicamente, ni a la mafia cegetista ni al gobierno les interesa modificar esta situación que garantiza el status quo mientras nos entretienen con el baile democrático de “aliado a enemigo” que desvía la atención evitando que las bases se cuestionen realmente el modelo existente.

Por si fuera poco, ahora pretenden duplicar la carga a los trabajadores con un impuesto que bajo el pretexto de financiar servicios públicos supone un ejemplo más del injusto reparto de riqueza del modelo capitalista que permite que la patronal se lleve el dinero y los obreros tengamos que pagar por trabajar.

Sociedad de Resistencia Oficios Varios Capital – Adherida a la F.O.R.A.- A.I.T.


post OTRO CRIMEN DE LAS PATRONALES Y EL ESTADO EN EL FERROCARRIL

Martes, 28 de febrero de 2012

Las tragedias no deben utilizarse para especular ni política ni
económicamente, pero deben servir para depurar responsabilidades.
Pasaron varios días desde el siniestro ferroviario en Once y pareciera
que todavía falta un chispazo para que salte la bronca.
Más de cincuenta trabajadores muertos y unos setecientos heridos con
impunidad indignante. Indignante es también una burda sospecha aprovechando la confusión inicial que apuntó a romper el hilo por su parte más delgada: un error humano del conductor, un trabajador víctima igual que los otros cientos que encontraron la muerte, al que se intentaba vergonzosamente lapidar para pasar de puntillas sobre los verdaderos responsables.

Empezará estos días la danza de acusaciones, investigaciones y citaciones de la justicia. Los próximos meses, los medios nos bombardearán con datos tan relevantes como las últimas comunicaciones de celular de la novia de uno de los pasajeros o la vida privada de cada víctima. Es posible que se cree hasta una comisión parlamentaria investigadora, que se interpele a algún ministro y que haya reacciones populares espontáneas exigiendo “que se vayan todos”. Una burbuja mediática que se deleitará en el morbo hasta que los hechos se enfríen y se pueda pasar página obviando blanquear las culpas.

El accidente ferroviario del Sarmiento pone en evidencia, una vez más,
los mecanismos instalados en los 90 con la lógica de rentabilidad, la
misma que trata a los trabajadores como ganado, que ahorra en
mantenimiento y calidad de servicio y que sigue lucrando con mano de
obra precarizada. Se suma a la desidia patronal, la de su cómplice el Estado que, lejos de supervisar el material en uso, mira hacia otro lado potenciando la mafia corrupta de las concesiones, como miran hacia otro lado los líderes sindicales cuando los trabajadores del Tren Buenos Aires (T.B.A), que llevaban meses avisando de la posibilidad de una tragedia, denuncian la falta de mantenimiento, la nula inversión y hasta el robo de rieles. Los trabajadores de base, los que día a día dejan la piel en su puesto de trabajo, saben mejor que nadie la realidad que azota al ferrocarril, pero claro, escucharlos implicaría renunciar al botín que gustosamente se reparten patronal, sindicato y políticos.

Por último, el “accidente” de Once hace palpable la avaricia capitalista que impone una centralización extrema en la región, que empobrece el interior y que colapsa Buenos Aires. La población subsidia a empresas localizadas en el área metropolitana de Capital Federal y millones de personas viajan diariamente hacinadas, en pésimas condiciones y con costos económicos y sanitarios aberrantes, a cumplir con sus obligaciones laborales. Para el sistema, las personas únicamente somos mercancía.

Sólo con la lucha organizada en la protesta, en nuestros puestos de
trabajo y en la denuncia y la acción directa contra el sistema de
transporte inhumano al que nos somete la patronal concesionaria y el
Estado, con la complicidad de la burocracia sindical, podremos evitar en
el futuro cercano otro crimen semejante. Sólo así podremos evitar que
estos asesinos nos sigan matando. Asesinos que, lógicamente, nunca
serán juzgados como terroristas (qué es lo que realmente son) bajo los
preceptos de la nueva ley que defienden, porque ellos son los que hacen las leyes y se llevan el dinero, mientras echan lágrimas de cocodrilo cuando matan a los trabajadores.

CONSEJO FEDERAL

Federacion Obrera Regional Argentina
(adherida a la AIT)

prensa@fora-ait.com.ar


post Anarcocapitalismo: la mentira intolerable

Martes, 8 de noviembre de 2011

Un nuevo peligro acecha a la humanidad y nosotros sin saberlo. Menos mal que la señora Cristina Fernández alertó en Cannes sobre la amenaza que se cierne sobre nosotros: el avance del anarcocapitalismo. Este concepto, encubierto de manera semántica, no es otra cosa que la defensa de la propiedad privada a ultranza aboliendo al Estado para la creación de un mercado de comercialización exclusivo de los privados.
Se maquilla la propia naturaleza del Estado que se basa en la explotación del hombre por el hombre. Nada tiene que ver con el ideal anarquista, que fue la génesis del movimiento obrero a nivel mundial. Pero, afortunadamente, en la conferencia de los 20 miembros más poderosos del mundo, la señora tuvo la gentileza de anunciar su catastrófico vaticinio ante quienes pueden salvar a la humanidad de tan siniestro destino. Así que todos podemos dormir tranquilos porque gracias a su bondadoso gesto, los “superhéroes” evitarán la desgracia emprendiendo una cruzada para restaurar el “capitalismo en serio”. Entendemos, entonces, que el capitalismo en serio que pregona la señora es el de los sueldos de miseria, la tercerización, la abismal brecha entre ricos y pobres, el destierro de los pueblos originarios y el saqueo de la riqueza del suelo, entre otros atentados contra la humanidad y la tierra. Efectivamente, señora Cristina, usted está proponiendo un capitalismo en serio: el que rige actualmente. Cristina Fernández pasará a la historia no sólo por avivar un trasnochado concepto económico, sino también por reafirmar la condición de esclavitud de los trabajadores. Toda una declaración de principios de quien se jacta de encabezar un proyecto “integrador y popular”. A no ser que el pueblo despierte y se le acabe el negocio. Estamos acostumbrados a la desvirtuación del concepto “anarquismo”, pero lo de Cannes es una vuelta de tuerca intolerable.
El anarquismo lleva dos siglos luchando por la libre organización de trabajadores de forma horizontal, un sistema económico igualitario y una sociedad sin clases. Y eso sí que es una amenaza en serio. La anarquía es el orden sin gobierno y sin Estado; el capitalismo, cualesquiera sean sus formas, neoliberal o keynesiano, es la esclavitud. El primero, a las leyes del mercado; y el segundo, al Estado omnipotente y omnipresente. Los que defienden el keynesianismo nunca han dejado de pactar con el neoliberalismo. La anarquía es la abolición de todas las formas de capitalismo. Es la sociedad libre de productores libres. Para la anarquía, la propiedad es un robo en todas sus formas.

Federación Obrera Regional Argentina (FORA)
Adherida a la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT)

foracf@fora-ait.com.ar


post Contra la dictadura y por la libre asociación

Domingo, 27 de marzo de 2011

La dictadura contra los trabajadores continúa

Hace 28 años los militares depusieron del poder político en Argentina, dejando lugar a lo que se llamaría el avance de la democracia. Sin embargo, hoy en día parece que la gran mayoría de la población no se da por enterada que existe hace 68 años una legislación dictatorial que impide la libre asociación de los trabajadores.

La Ley de Asociaciones Profesionales creada por Juan Domingo Perón obligó a los trabajadores a afiliarse al Estado.

La Confederación General de los Trabajadores, desde su nacimiento ha compartido estrechas relaciones con el Estado. Su conformación ha servido a los fines de organizar a la sociedad corporativamente, logrando obtener el Estado un solo interlocutor para con los trabajadores. A partir de este momento, la central se convirtió en una ramificación más del aparato estatal.
Todos los vestigios de un movimiento obrero internacionalista y revolucionario fueron opacados por el voraz accionar de la demagogia populista, el accionar mafioso y el doble discurso.

Hoy en día los trabajadores somos utilizados por los sindicalistas para justificar sus negocios.
Se pelean por tenernos subscriptos a sus organizaciones, ya que cada afiliado cotiza una suma para sus arcas para sus negociados en las obras sociales.

La participación de los trabajadores en los asuntos del sindicato, al que aportan una cuota involuntaria, es totalmente nula ya que su futuro económico se decide a puertas cerradas. Los acuerdos entre los sindicalistas y los empresarios a las claras muestran a quienes benefician. José Pedraza, por ejemplo, en el momento de su detención, residía en un departamento valuado en 1.000.000 de dólares en Puerto Madero. Hugo Moyano es un empresario que paradójicamente se ha transformado en el paladín progresista de los trabajadores.

El Estado sigue reprimiendo, las empresas siguen explotando y los sindicatos siguen estafando, con sus patotas acallan las voces de quienes les hacen frente, protegidos por la policía y por los políticos de turno. Es por ello que se debe combatir a estas estructuras nefastas y luchar por la libre organización de los trabajadores en pos de la emancipación definitiva de todos los explotados y explotadas.

¡Por la libre organización federalista!

volante de Oficios Varios Capital repartido el 24 de marzo del 2011


post Llamas patriarcales

Miércoles, 16 de marzo de 2011

La conmemoración del 8 de Marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora impulsado en 1910 en el congreso Internacional de Mujeres Socialistas por la militante Clara Zetkin evoca múltiples y ancestrales luchas de las mujeres por el respeto y reconocimiento a sus libertades y derechos.

Pero vale recordar que uno de los hitos fue la huelga que 1857 impulsaron las trabajadoras textiles en New York exigiendo la reducción de la jornada de labor.

Largas jornadas de hasta doce horas, en espacios infectos y con míseros salarios.

Las huelguistas padecieron una feroz represión policial y la decisión del propietario de una de las fábricas de incendiarla con las trabajadoras atrapadas en su interior.

Las cifras de feminicidios crecieron un 75% respecto al último año.

La sucesión de hechos de violencia de género se incrementó de modo exponencial y uno de los recursos de los feminicidas es incendiar a sus víctimas. El silenciamiento y la minimización de estos acontecimientos siniestros es un aval para estas conductas.

Esto muestra que más allá de los discursos, en la cruenta realidad continúa instalada una cultura patriarcal que considera a las mujeres como objetos y no como sujetos., pasibles de padecer cualquier oprobio.

Soslayada la subjetividad femenina, alienada y cosificada se abre un espectro de situaciones con previsibles y nefastas consecuencias.

Es preciso poner en evidencia estas cuestiones que en lo cotidiano muestran la persistencia de una ideología patriarcalista que tiende a deshumanizar y hacer del suplicio su divisa, perpetuando atávicos prejuicios.

El 8 de marzo Día internacional de la Mujer debería ser una evocación que estimule las conciencias adormecidas y anestesiadas y reafirme a las lúcidas para redoblar esfuerzos en el sentido de la sentencia del poeta J.Prevert: “algún día las personas serán de tamaño natural y nadie será humillado.”


post Las bombas y la hipocresía

Miércoles, 2 de marzo de 2011

El lanzamiento de bombas sobre la población civil perpetrado por la dictadura de Kadaffi en Libia da la clara dimensión del despotismo imperante en esa latitud y del grado de perversión y descomposición del régimen imperante desde 1969.

Kadaffi , figura versátil es uno de los íconos de la megalomanía contemporánea, figura capaz de conciliar con el antiimperialismo de Gamal Abdel Nasser, proclamar el “socialismo autogestivo”, hacer negocios con Lopez Rega en los ´70 o confraternizar con los líderes europeos sedientes el “oro negro” sobre el que flota el tirano.

Por otra parte la hipocresía del gobierno norteamericano no le va en zaga, no hastían de bombardear cada en diversos puntos del planeta que habitamos y ahora se rasgan las vestiduras frente al delirio criminal del villano Kadaffi, muchas veces funcional a los intereses imperiales.

Hipocresía y bombas de Kadaffi y sus esbirros contra el pueblo, hipocresía y Bombas eyectadas desde Washington hacia Irak, Afganistán,etc.,etc.

En Libia el pueblo está en las calles clamando por libertad y justicia, en ciudades como Tripoli desafía abiertamente a la soldadesca.

La obstinación y la furia de los déspotas artillados no podrá detener la oleada de insumisión, nuevos vientos soplan impulsando una marea que crece y se multiplica. Por el mundo.

Carlos A. Solero


post Las bombas y la hipocresía

Jueves, 24 de febrero de 2011

El lanzamiento de bombas sobre la población civil perpetrado por la dictadura de Kadaffi en Libia da la clara dimensión del despotismo imperante en esa latitud y del grado de perversión y descomposición del régimen imperante desde 1969.

Kadaffi , figura versátil es uno de los íconos de la megalomanía contemporánea, figura capaz de conciliar con el antiimperialismo de Gamal Abdel Nasser, proclamar el “socialismo autogestivo”, hacer negocios con Lopez Rega en los ´70 o confraternizar con los líderes europeos sedientes el “oro negro” sobre el que flota el tirano.

Por otra parte la hipocresía del gobierno norteamericano no le va en zaga, no hastían de bombardear cada en diversos puntos del planeta que habitamos y ahora se rasgan las vestiduras frente al delirio criminal del villano Kadaffi, muchas veces funcional a los intereses imperiales.

Hipocresía y bombas de Kadaffi y sus esbirros contra el pueblo, hipocresía y Bombas eyectadas desde Washington hacia Irak, Afganistán,etc.,etc.

En Libia el pueblo está en las calles clamando por libertad y justicia, en ciudades como Tripoli desafía abiertamente a la soldadesca.

La obstinación y la furia de los déspotas artillados no podrá detener la oleada de insumisión, nuevos vientos soplan impulsando una marea que crece y se multiplica. Por el mundo.

Carlos A. Solero


post Metamorfosis

Domingo, 7 de noviembre de 2010

La tarde del primero de mayo de 1929 la Federación Obrera Local Bonaerense realizaba un mitin de afirmación idealista y de protesta por las injusticias sociales, en la Plaza Colon de Buenos Aires. Todos los sindicatos que la componían, con sus banderas rojas de redención universal flameando al  viento, con los grandes cartelones y letreros en que se reflejaban sus aspiraciones, todos se habían conglomerado precisamente detrás de la casa de gobierno, a ver si así era posible hacer llegar el eco de los trabajadores, que exigían justicia a los pachorrientos magnates que desde allí nos gobiernan.
Los oradores improvisados surgieron espontáneamente de la multitud descontenta y ansiosa de bienestar, encaramados, al pie de la estatua del    gran Colon, que desde su altura parecía mirar con benévolo y alentador estimulo a los nuevos emprendedores de titánicas conquistas, las cuales daban rienda suelta a su mal contenida indignación, acumulada durante el ano, en talleres y fabricas. Sus sinceras y ardientes palabras penetraban, como bálsamo vigorizante, en el cerebro y el corazón de los esclavos y miserables trabajadores  que rodeaban las distintas tribunas, vibrando todos al unísono, en la fe inquebrantable de un próximo porvenir de libertad integral y amor fraternal.
Entre la multitud se encontraba el obrero Sebastián Fiamma, llevado allí mas por curiosidad que por adhesión consciente al acto. Criado en el campo, en contacto mas con las bestias de labranza que con semejantes suyos, estaba hecho un patán, ignorante por completo de sus derechos, de lo que valía como productor y, por lo  tanto, de la posibilidad de emanciparse. De manera que el mitin de la F. O. L. B. y las maravillosas verdades, que exponían con convincente  elocuencia los voceros improvisados, unían a todos por un mismo y gran ideal. Las incontenibles explosiones verbales de sagrada rebeldía, cual germen exuberante de un nuevo orden, lo encandilaron en un principio; luego, contagiado del general ardor, unía su naciente fe, acompañando con sus gritos y aplausos a los demás compañeros de miseria y explotación. Fue abriendo los ojos, como    si en ese momento acabara de renacer, viendo un mundo completamente nuevo; mal organizado, egoísta y malvado. Sintió dentro de si surgir otro hombre, mas clarividente, mas consciente y mas digno.
Sebastián Fiamma, al descubrir la causa de todos sus dolores y privaciones, sentía brotar de su pecho el ansia de luchar, conseguir los derechos que la avarienta burguesía le había usurpado.
Cuando oía el grito de ¡Abajo el capitalismo!  El unía su voz a la de los demás en un atronador   ! Abajo¡
O Cuando alguien, levantando el puño exclamaba
! Viva la libertad integral del hombre!   ¡Viva!  Contestaba    el con todos los demás.
Desde un rincón, algo apartado de la multitud, un señor bien vestido, alhajado, con bastón, lentes y cadena de oro, observaba con filosófica curiosidad el desarrollo de la manifestación obrera.
Enterado este por los diarios, y estando enfermo de aburrimiento, hastiado de toda clase de placeres que la riqueza le proporcionaba, se le ocurrió buscar distracción contemplando con enfermiza curiosidad aquella viril y colectiva protesta proletaria. Este buen señor había leído Don Quijote de la Mancha, impresionándole agradablemente sobre todo el capitulo que trata de cómo un duque se divierte jugando con la ambición de Sancho Panza para gobernador. Así que vio al obrero Sebastián Fiamma entusiasmarse gritando y aplaudiendo con frenesí, pensó que seria un buen candidato para quitarse el aburrimiento y curarse la molicie.
Estudio el plan en todos sus detalles y, al llegar la noche, Cuando el mitin se extinguía, se le acerco y le dijo  ¿Por que gritas tanto?  ¿No estas contento con tu vida? ¿Que te falta?
Sebastian Fiamma lo miro extrañado y con desconfianza; luego le contesto altanero: ¿a  usted que le importa? ¿Acaso es un «perro» de la policía?
-No tenga miedo. No soy nada de eso. Simplemente tengo dinero y quisiera hacer una buena acción ayudando a algún pobre.
- ¡Ah! No puede haber rico bueno y altruista. Usted me quiere engañar. Váyase a freír papas, burgués de miércoles.
- Calma, muchacho; no te sulfures así, ni te vayas. Escucha: ¿Sabes razonar? Sentémonos en este banco y conversemos un rato.
La Plaza Colon había quedado desierta. Cuando se hubieron sentado, el rico prosiguió:
- ¿Te quejas porque sos pobre? ¿No tienes lo que necesitas?
-Claro. ¿Le parece Linda la vida del trabajador, andrajoso, hambriento y esclavo del avariento y criminal capitalista, siendo el, el único y verdadero productor de toda la riqueza que hay en el mundo?
- Es verdad. El obrero esta muy mal tratado. Pero ni yo solo ni vos solo podemos arreglar el mundo. Si fuera tu caso simplemente… Vamos a ver; séame franco: ¿Que ambicionas vos?
- Comer, vestir y trabajar sin estar sometido    a ningún déspota y tirano.
-Muy bien. -¿De que trabajas?
- He trabajado de lo que he encontrado. Actualmente soy lustrador de calzado.
- ¿Y te gustaría tener un saloncito y trabajar    por tu cuenta, sin que nadie te mande?
- Ya lo creo. Pero no tengo un centavo.
- Pues tendrás todo cuanto necesitas y estarás libre de la “avarienta burguesía”. Venga a mi casa y le daré el dinero necesario; buscaras un local que te guste y trabajaras tranquilo.
En vista de que Sebastián titubeaba, agrego: – No te lo presto el dinero; te lo doy.
No tienes que, pensar en los intereses ni en devolvérmelo, será tuyo.
Enormemente asombrado, el obrero no sabia si estaba despierto a soñaba. Pronto se sereno y pensó:
- No tengo nada y, por lo tanto, nada puedo    perder. Le seguiré la corriente a este tipo y veré lo que resulta de todo esto; si es un filántropo, un loco o un cuentero.
Con el automóvil particular que allí tenia, subieron a el y pronto llegaron a la casa del rico señor. Entraron. Era esta un lujoso palacio, resplandeciente por todos lados, con un ejército de servidumbre uniformada que se deshacía en reverencias al paso de los dos.
Sebastián Fiamma recibió el dinero que necesitaba y se retiro tan asombrado como contento.
Busco  e instalo el salón de lustrar. Empezó a trabajar,
El señor rico, enfermo de haraganitis aguda, iba  todos los días a conversar con su “protegido”.
El negocio en un principio no marchaba muy bien, por la falta de clientela y, además, por la falta de empeño de parte del obrero en gritar a la puerta como es costumbre en esta clase de negocios.
Al correr los días, y al empezar a invitar a lustrarse a los transeúntes, noto Sebastián que aumentaba la ganancia y la clientela. Fue tomando amor al dinero. Con el guardapolvo oscuro y el trapo en la mano, estaba en la puerta de la mañana a la noche gritando
- ¡ Pase ¡ ¡ Hay    asiento ¡ ¡ Se lustra marchante ¡
Fue tanto el trabajo que le venia, que al poco tiempo se vio en la necesidad de ensanchar el local y tomar dos oficiales.
A Los tres meses tuvo que comprarse una caja registradora, hacer un nuevo ensanche y tomar más personal. El negocio marchaba viento en popa. Sebastián Fiamma tuvo que dejar de gritar a la puerta para vigilar a los oficiales, cobrar y recibir a la “distinguida clientela” con amables saludos y melodiosas conversaciones.
La psicología del ex obrero iba cambiando sin que el se diera cuenta. Ya se había convertido en un perfecto burgués.
Pero, como la felicidad no dura, máxime si esta basada en el egoísmo y la explotación, a don Sebastián, como se le llamaba, le sucedió una catástrofe que lo tiro al suelo.
Sucedió que la unión obrera lustradores de calzado, no pudiendo aguantar mas la miseria y el horario sin limites que se le imponía, en una numerosa asamblea declaro la huelga del gremio hasta que los patrones firmaran el pliego de condiciones que se les había presentado.
Don Sebastián considero muy exageradas las exigencias de sus oficiales, y se negó rotundamente a firmar dicho pliego.
A la semana de huelga general visto de que casi todos los patrones habían firmado la asamblea acordó parcializar la huelga. Siguió el conflicto solamente con los más reacios, entre los que se encontraba don Sebastián, el cual se afanaba sudando la gota gorda, en lustrar a los clientes para que no se le fuera.
El negocio, con sus gastos aumentado, se derrumbaba de con una velocidad vertiginosa; pero el, terco como una mula, se mantenía intransigente.
La huelga se prolongaba demasiado y los huelguistas tenían que hacer esfuerzos heroicos para resistir al hambre. A los dieciséis días de iniciado el conflicto un oficial de don Sebastián, lleno de indignación y cansado de esperar, ideo  un plan diabólico. Se puso de acuerdo secretamente a con el comité de huelga y se presentó al trabajo.
Al ver lo, se alegró mucho  don Sebastián, pensando que los demás no tardarían en presentarse también.
Era la una de la tarde. Y el del resto del día lo pasaron los dos trabajando de apurados. A las diez de la noche el patrón hizo el  balance de costumbre con satisfacción de avaro, cerró el negocio y los doce retiraron a descansar  con un -hasta mañana-.
A las diez y quince el salón de lustrar ardía en llamas.
El implacable incendio devorabalo todo. Cuando llegaron los bomberos toda la escombros y cenizas. Don Sebastián, avisado urgentemente, se arrancaba los pelos de desesperación.
Se atribuyó el desastre a un cortocircuito y no se habló más del asunto. No estaba asegurado, por lo cual el ex obrero se vio de nuevo en la calle “Seco y pelado ” como el 1 de mayo de 1929. A ver a su protector, pero éste se había embarcado para el exterior, en viaje de turismo, hacía una semana. Tuvo que volver a buscar trabajo de oficial, como antes, a fin de ganarse la vida.
En los primeros días era boicoteado por los demás obreros, por el odio a que se había hecho acreedor; pero al fin, descartada la venganza, se le perdono el mal comportamiento y pudo encontrar trabajo.
Se organizó en el Sindicato Obrero Ilustradores de Calzado, perdiendo el «Don» y la independencia que tanto gusto le había tornado. El horario reducido y el aumento del salario que se había conseguido par la huelga, más, el despertársele nuevamente la conciencia de proletario, lo indujeron a estudiar a fondo y con toda amplitud el problema social.
Leyó con afán los libros de los mejores escritores libertarios. Medito mucho sobre los hechos de la vida diaria, sus causas y sus resultados.
Después de algún tiempo el hombre había sufrido una transformación profunda. El silencio y la reconcentración en si mismo lo habían hecho un ser enigmático para los compañeros del gremio; hasta que un. día, en una asamblea del Sindicato, por primera vez pidió la palabra. Todos los compañeros quedaron asombrados del inesperado acontecimiento y pararon las orejas como conejos. Sebastián Fiamma hablo así
- Camaradas:    Llego la hora de cambiar la orientación de nuestra organización. Debemos dejar a un lado la lucha por el centavo, el reformismo como finalidad, y encarrilar la acción hacia la abolición completa y radical del régimen capitalista, de la autoridad y del dinero. Debemos prepararnos desde este momento a vivir el comunismo anárquico. Si los compañeros aquí presentes no aceptan mi moción, yo me dedicare solo, o con camaradas de otros gremios, a la propaganda del unico ideal que nos ha de redimir de la esclavitud que padecemos. He dicho.
Desde ese momento Sebastián Fiamma se hizo uno de los más grandes apóstoles del nuevo ideal de liberación humana que agita al mundo.

A. de CARLO


post Comunismos fracasados

Domingo, 7 de noviembre de 2010

El comunismo anárquico, que como fórmula orgánica de sociedad figura en el frontispicio de la F.O.R.A. tiene, como es muy natural, sus ilógicos impugnadores salidos de entre aquellos hombres que piensan que las sociedades, en su constante evolución, no pueden detenerse en ningún propósito finalista, en ninguna meta definitiva de humana construcción.
Los hombres que así piensan deberían preguntarse antes, al impugnar la naturaleza económica de un sistema, si es posible que las sociedades vivan al margen de las fórmulas estructuradas de sociedad.
No creemos nosotros que el comunismo anárquico circunscriba o limite las actividades libertarias de nadie, y por consiguiente, de ninguna fórmula creadora que, surgida de la experiencia y de las necesidades naturales de la evolución, se imponga al criterio de las gentes futuras como método o instrumento, que satisfaga mejor la aspiración de todos. Precisamente porque el comunismo es anárquico, es decir, porque lleva tácitamente comprendida la imagen viva de la libertad, es por lo que resulta inatacable.
No es el comunismo anárquico  una aspiración humana fundada en poderes abstractos, como lo son Dios y el estado, términos estos que inspiraron al comunismo ecuménico de los hermanos evangelistas del siglo XVI y el de nuestros comunistas dictatoriales del siglo XX.
El comunismo de los siervos evangélicos de la edad media era un comunismo de fracaso, por cuanto tenía sus fundamentos y sus motivos de revolución en las enseñanzas místico-paganas del credo bíblico. No era un comunismo humano y de evolución capaz de contener, en sus principios, las corrientes propulsoras de los tiempos las experiencias del progreso, las concreciones provisorias de las ciencias. Igual que a su congénere religioso le ha sucedido al comunismo estatolatra. Al que finca en los imperativos y mandamientos de la fuerza, la virtud de su creación.
El comunismo de dictadura era de antemano, antes del deplorable ensayo bolchevique un comunismo fracasado. Y no por lo que en contra de los bolcheviques hayan podido hacer o decir anarquistas y burgueses, asociados ahora también arbitrariamente por la mente obtusa del comunismo dictatorial. Las ideas no fracasan en sus realizaciones cuando los hombres la han comprendido y se hallan en consonancia con los sentimientos de libertad y equidad que eran los que anidaban en su alma las masas revolucionarias de Rusia cuando estalló la revolución.
Si el comunismo fracasó en Rusia es sencillamente porque allí no hubo jamás verdadero comunismo en el sentido libre de la expresión. A lo sumo, una parodia burda, con la idea de engañar al pueblo a despecho de las declaraciones que en su tiempo hicieron los bolcheviques puestos de cara al proletariado internacional.
Comunistas evangélicos y comunistas de dictadura llevaban ya en su alma, antes de iniciar sus ensayos, el fracaso que la vida reserva siempre a todo principio o a toda idea que implique su desconocimiento, su completa negación. Fundar un comunismo en las medidas apostólicas del credo divino, como fundarla en los cotos y compartimentos cerrados del prejuicio estatal, resulta la misma cosa. En ambos casos, en ambas categorías, el hombre, con sus deseos y sentimientos equitativos, brilla por su ausencia, no se puede fundar un mundo nuevo basado tan sólo en supuestos milagros de dos entes abstractos.
El comunismo, para que sea un hecho en la tierra, debe tomar al hombre y formar con él, con su alma con su barro, un todo orgánico. No debe un comunismo para ser realmente aplicable, ir más allá del ser ni quedarse más acá de dicho ser. Deben constituir, hombre y principio, individuo y medio, una síntesis vital de orgánicas estructuras. Es evidente, pues que este comunismo de posibles realizaciones no puede ser otro que el postulado por nuestra federación.
Tiene el comunismo anárquico que propicia la F.O.R.A. la ventaja sobre aquellas de hallarse fundado en el individuo y las ansias de liberación social de todas las clases que sufren la tiranía oprobiosa de las instituciones coercitivas del estado y su consorte el capital. No es una idea que tiende a ser la felicidad de tal secta religiosa o de cual partido político o casta burocrática que aspire a la función maldita del poder. Es un ideal para todos los hombres que no aspiran a desvalorizarse asimismo con las ambiciones del mando por la servidumbre de la sumisión. No creemos fundada la objeción que algunos sedicentes revolucionarios hacen a la F.O.R.A. porque esta tiene por finalidad el comunismo anárquico. Y mucho menos cuando éste es un comunismo de liberación y no de esclavitud. Un comunismo, que por lo mismo que es anárquico, puede contener dentro de sí, todas las nuevas creaciones de los tiempos futuros, como así la satisfacción de aquellas necesidades y deseos que emanen del hombre y de la sociedad del porvenir.
Si como principio es inobjetable como instrumento de liberación lo debe ser también. Nadie puede sacrificar la evidencia de la verdad para ir después en pos de la misma verdad.
Los anarquistas no pueden, pues dejar de propagar el comunismo anárquico para convencer a los demás de la bondad del comunismo anárquico. En cuanto a la impugnabilidad del rótulo o sea la fórmula hay que tener presente que las sociedades nunca podrán saltar por encima de sí mismas por la sencilla razón de que no les es dable estructurar nada sin basarse en una u otra fórmula de existencia.
Toda vida en sociedad implica la materialización de alguna fórmula moral y económica. Pero lo malo no es esto. Lo malo está en que las fórmulas de la existencia no encierren, en sus realizaciones, el bienestar y la libertad de todos. Tal como le ocurrió al comunismo ecuménico de los hermanos evangélicos del siglo XVI y al comunismo bolchevique de nuestros tiempos.

Enrique Nido


post El librero Ariel Fernández y la escuelita anarquista de la F.O.R.A en Rosario

Martes, 2 de noviembre de 2010

Aún recuerdo cómo lo conocí. Ariel Fernández era uno de los pocos libreros de la zona oeste rosarina. Yo estaba cursando la escuela secundaria, e iba a su negocio para canjear los manuales escolares. Entregaba mi manual viejo y con eso él te descontaba algunos pesos a la hora de comprarte el nuevo libro de texto para el próximo año escolar. Y siempre me llamó la atención su carácter podrido. Las pocas veces que había entrado de adolescente a esa librería, entraba casi hasta con miedo. Así lo veía mi mente infantil, sin siquiera saber la breve amistad que muchos años después, tendríamos Ariel y yo. Terminé la escuela y no volví a entrar por muchos años a ese lugar tan misterioso.
Cuando yo tenía nueve años, había asumido como presidente Carlos Menem. Cuando se fue del gobierno, quien esto escribe ya  tenía 19. Adolescencias perdidas. Generación la mía, que quedaría casi destruida, entre los años del menemismo, el auge de la droga, la corrupción (no sólo de los gobiernos sino hasta de los vecinos), y el vaciamiento cultural, la televisión basura y años de programas de Tinelli, que ya le empezaban a quemar el cerebro a la gente.
En el medio de todo eso, cuando uno ya no esperaba nada del ser humano, nos sorprendió el 2001, para poco tiempo después volver la sociedad, a esta asquerosa normalidad.
Si bien me habían echado de la escuela primaria por negarme a tomar la comunión a los nueve años, aún no sabía que yo era básicamente un anarquista, ni más ni menos. Pero eso lo descubriría mucho tiempo después. Mientras tanto, en pleno 2001, y con el “Que se vayan todos, que no quede ni uno sólo”, fue que empecé a buscar libros anarquistas, en librerías de nuevos y usados. Todavía Internet no estaba tan al alcance de uno, y no había ediciones nuevas sobre los clásicos del anarquismo. Me cansé de recibir varios “no, no tengo nada”, “no hay sobre eso”, etc, cuando preguntaba en librerías sobre material anarquista. Y nada, no encontraba absolutamente nada sobre estas ideas que me marcarían de por vida. Todavía no había comenzado a participar en la única biblioteca libertaria que quedó en mi ciudad.
Fue de esta manera, que tras varios años de no tener noticias sobre Ariel, volví a pasar por su negocio, de casualidad, y esperando, seguramente, otro NO como respuesta cuando preguntara sobre títulos anarquistas.
Entré ya sin miedo a la librería, aunque esperando a un viejo de carácter hostil que solía tratar muy enojado a los clientes. Y así me trató apenas entré pero, para sorpresa mía, y también suya, el trato cambió cuando escuchó mi pregunta sobre material libertario. Inmediatamente cambió su trato, me miró a los ojos como quien mira a una especie en extinción, o quizás a un igual, y me dijo con cierta complicidad: “Espéreme aquí un segundo”.
Fue para la parte trasera de su negocio, y volcó sobre el mostrador libros polvorientos, sucios, e increíblemente maravillosos. Recuerdo que entre ellos había un viejísimo ejemplar de “La Revolución Desconocida”, de Volin, editado por la F.O.R.A, y otro que definiría claramente el por qué de mi anarquismo, me refiero a “Historia del movimiento machnovista”, de Piotr Archinoff. Tenía libros de Juan Lazarte, de Herbert Read, de Ángel Cappelletti, de Malatesta, de Luce Fabbri, o de Max Nettlau, como así también muchísimos ejemplares de la revista Reconstruir y quedé maravillado.
Yo esperaba que me dijera que no tenía nada, para seguir pedaleando con mi bicicleta, en dirección al centro de la ciudad. Pero no sospechaba, ni remotamente, con qué clase de personaje me estaba encontrando.
Cuando le pregunté, cómo había conseguido él todo ese material, fue que me empezó a contar varias historias increíbles. Y como todo en esta vida, lo que uno supone cosa de un segundo, puede durar para toda la existencia.
Ariel me miró con ternura, él con sus más de 80 años, yo con 22. Y a partir de entonces, me trató como a un igual suyo. No me tuteaba, siempre me trataba de “usted”, y pasamos largas tardes hablando de historias del anarquismo local y sobre la vida de su padre, Juan José Fernández, a través del cual habían llegado esos ejemplares, a la librería de Ariel, y luego a mis manos. Siempre que me vendía alguna de aquéllas joyas me decía: “Esto era de mi padre pero yo no quiero que permanezca acá y junte polvo, quiero que se conozca”.
Juan José, su papá, había sido secretario general de los Obreros Ladrilleros de Rosario, adheridos a la F.OR.A. Era español, y había llegado con sus padres, es decir los abuelos de Ariel, a la Argentina. Sus padres eran obreros humildes, no obstante, partidarios de la monarquía española.
El padre de Ariel, siendo apenas un niño de 8 años, ya trabajaba en el barrio como ladrillero, gremio en el cual había muchos militantes anarquistas, por no decir casi todos. Por toda la zona oeste de Rosario, hubo cientos de militantes ácratas, testigo de ello son hoy los numerosos clubes sociales de la zona, que conservan nombres sugestivos como club “Libertad”, club “Luchador” (fundado el 1º de mayo de 1932), club “Ideal”, “Nueva Era”, y nombres por el estilo.
Juan José, obrero de 8 años, también marcaría a fuego su vida, juntándose con aquellos anarquistas de su gremio, más grandes que él, y que habían escuchado a Juan José, contar que su papá, tenía sobre el respaldo de la cama matrimonial, un retrato del rey de España. Y vino lo inevitable. Los anarquistas del gremio agitaron la cabeza de éste niño, que se destacaba ya por lo solidario en las reuniones y en el trabajo, y una noche tranquila, Juan José tomó la escopeta que tenía su padre en un mueble, entró a la habitación donde dormían sus progenitores, y en plena madrugada, mató de un escopetazo al odiado rey de España, que quedó con su cara destrozada en el retrato. Lo gracioso fue el salto que pegó el padre de Juan José, en plena oscuridad, al oír el disparo y casi morir de un infarto, del cagazo que se había pegado.
La hazaña de Juan José fue comentada durante meses por los anarquistas de la zona, se ganó así el respeto de todos los compañeros, y con los años sería el secretario general de la federación obrera, querido por muchos. También fue fundador de la Escuela Racionalista, fundada por los anarquistas de la F.O.R.A, siguiendo el ejemplo del pedagogo libertario Francisco Ferrer i Guardia, asesinado por la iglesia y la monarquía española, en 1909. Ariel me contaba ya viejito, cómo había ayudado a su papá a hacer los banquitos para los niños de la escuela racionalista, donde iban los hijos de los obreros del gremio, para evitar que la mente de las nuevas generaciones, fueran corrompidas por la educación de la Iglesia, o del Estado, que son exactamente lo mismo. El local de la escuelita de la F.O.R.A, estaba al lado del local de la sociedad de resistencia de dicha federación, ubicado en calle Godoy y Provincias Unidas, en el lejano oeste rosarino. Hasta hace pocos años permanecía en pie esa vieja construcción, si es que algún edificio no arrasó hoy con su historia.
En su militancia anarquista, Juan José Fernández había conocido a renombrados compañeros  de ideas, como Rodolfo González Pacheco, Diego Abad de Santillán, gente vinculada a los anarquistas expropiadores y conocidos de Severino Di Giovanni, fusilado luego por la dictadura de Uriburu en 1931, como así también a varios de los anarquistas locales, que en un acto relámpago, tomaron la municipalidad de Rosario el 7 de febrero de 1921, donde intentaron disolver el Concejo Deliberante, junto a militantes comunistas, e izaron la bandera roja, siendo todos detenidos luego tras este primer y único “soviet”, que duró una hora y media, con un saldo de 20 agitadores apresados.
Y había que escucharlo a Ariel, contar tan tranquilo estas historias de su padre. Era tan modesto que cuando quise filmarlo me decía: “¿Pero a quién pueden interesarle estas anécdotas?”.
Su papá había nacido en España hacia fines del siglo XIX. Tuvo dos hijos, a los que, como buen anarquista, les puso nombres sugestivos, Ariel y Apolo, personajes de la mitología. Ambos, excelentes jugadores de ajedrez. Apolo murió más joven.
Hay vecinos del barrio, que pueden dar fe de lo que digo, ya que Ariel mantuvo con muchos jóvenes de la zona, interminables partidas de ajedrez. Una de las más famosas, es la que ejecutó con un muchacho que viajaba asiduamente a Venezuela. Eran tan buenos que las partidas duraban horas, y luego meses, porque cuando éste muchacho viajaba a Venezuela, dejaban la partida donde la habían terminado, Ariel volvía al trabajo y cuando tiempo después el joven regresaba de viaje, seguían la partida de memoria. Historias que sólo ocurren en éste barrio.
Yo siempre que podía, pasaba por la librería de Ariel. Iba a comprar algún libro maravilloso, y la compra demoraba unas cuatro horas, por lo interminable de las charlas que teníamos. Pero valía la pena.
Ariel ya estaba muy viejito la última vez que lo visité. Su final se avecinaba. Un tumor en el cuello y los 80 y pico de años, lo estaban consumiendo. Supe que su librería se iba a mudar, por el elevado costo de los alquileres, a calle Córdoba y Carriego. Hasta tuvo la caballerosidad de pasarme una tarjetita con la dirección del nuevo local, para que pasara a visitarlo. Y fue la última vez que lo vi con vida. La librería se había mudado efectivamente, pasé por allí varias veces debido a mi trabajo de reparto, pensé en aprovechar para verlo, pero a la mañana, quizás ya por su estado de salud muy deteriorado, la librería permanecía cerrada.
Hace poco tiempo, me enteré por otro viejo compañero, que Ariel había fallecido. Y lo lamenté mucho.
En la Barcelona argentina, como la llamaron a Rosario por su gigantesco movimiento anarquista, pareciera que el oscurantismo borró todas esas historias. Es increíble que en una ciudad así sólo hayan trascendido, entre miles, apenas un puñado de nombres de libertarios que actuaron aquí, como Rómulo Ovidi, Virginia Bolten, Joaquín Penina, Luisa Lallana, Gaudencio Lamarque (padre de Libertad Lamarque), Juvenal Fernández, Martín Finamori, el Dr. Arana, Angelita Sánchez y por qué no también Juan José Fernández, el papá de Ariel.
Tras la muerte de nuestro querido librero, su local, quedó cerrado, y muchos de sus libros permanecen abandonados allí. No falta algún anarquista delirante en nuestro barrio que quiera recuperar esos libros de cualquier manera, así sea a la manera anarquista a través de algún túnel. Pero por suerte en nuestro arrabal, todavía todo puede ocurrir.
Ariel ha muerto, pero vaya desde aquí mi querido homenaje. Que un hombre muera es parte del ciclo vital. Lo que no podemos permitir es que se mueran las historias.

Juan Manuel Ferrario, Rosario (01/11/10)


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Domingo, 12 de septiembre de 2010

La danza de la mala fortuna

La danza de la mala fortuna es un espectáculo compulsivo al que nos obligan los jerarcas del sistema vigente en el mundo.
Reducción y/o congelamiento de salarios, precarización del empleo, prolongación de la jornada laboral, prórroga indefinida en la vida activa, atada al yugo del capital. Despidos masivos y lanzamiento hacia el abismo de la exclusión social. Para cientos, para miles, para millones de personas. En diversas latitudes, con vocablos similares
Salvataje de los bancos para seguir esquilmando a los pueblos. Una civilización basada en el despilfarro de muy pocos con tormentos inacabables para las mayorías.
Una sistemática violencia que multiplica la violencia desde arriba.
¿Quiénes pagan las catástrofes ecológicas, políticas, económicas y sociales?
En todo el orbe los mismos de siempre. Como en toda tragedia griega el coro que grita verdades que no desean oír los poderosos, ocupando un lugar subalterno.
En el año 2009 los principales líderes estatales enunciaron cambios y reformas, no hicieron más que profundizar desigualdades y ampliar la brecha.
Las evidencias saltan a la vista, la realidad se impone con rigor aunque procuren tapar el sol con la mano.
Las multitudes en las calles están marcando el principio de un fin de época y también quizás la caída irreversible de gigantes.
Como supo decir con acierto Camus los pueblos se hacen sentir cuando perciben el escarnio y se rebelan por asco, por cansancio, por hartazgo.

Carlos A. Solero